El Eje de Investigación e Innovación del Plan Estratégico Institucional 2014-2020, define como una de sus Líneas Estratégicas “El Desarrollo de la Investigación Científica”. Con la finalidad de fortalecer las acciones en este campo de trabajo, se hace necesaria la revisión de las líneas institucionales de investigación, para validarlas o ajustarlas en correspondencia con la naturaleza de la Universidad, la profesión docente, así como a las demandas actuales del Sistema Educativo Nacional y las tendencias internacionales en materia educativa. Lo anterior también está en correspondencia con el Plan de Gobierno Universitario 2020-2023.


Cada institución puede tener su propio contenido temático, variable en el tiempo y según las expectativas de los actores. Algunos temas deben incluirse en la agenda de investigación para contribuir a la transformación y cambio universitario; por lo tanto, son considerados de forma interconectada e interdependiente. Las líneas institucionales de investigación presentan posibles temas de investigación de importancia crítica, que constituirían factores importantes para cerrar la brecha entre el deber ser institucional y la realidad. La figura 1. Presenta de forma gráfica las líneas de investigación definidas para la Universidad Pedagógica Nacional para el periodo 2020-2023, a continuación, se detalla brevemente cada una de ellas.

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Línea de Investigación: Políticas Educativas

El estudio de las políticas en el ámbito latinoamericano es incipiente; de hecho, este ejercicio se ha desarrollado más en los Estados y entre la comunidad científica anglosajona, en parte propiciado por entornos democráticos estables y por la existencia de organizaciones independientes, capacitadas para la crítica y en general para la incidencia en las decisiones de los gobiernos (Aguilar, 1992); aunque en la actualidad esta situación está cambiando, en América Latina los debates sobre las políticas se generan y cobran vigencia en un clima de inestabilidades y confusiones sociales y políticas, donde las democracias emergentes aún están en proceso de construir los cimientos de sociedades fuertes y orgánicamente estructuradas. La estabilidad democrática latinoamericana es todavía un proceso frágil y los cambios recurrentes en ocasiones colocan a las ciencias sociales frente a desafíos teórico-metodológicos inéditos. Siguiendo esta línea de análisis, Bazúa y Valenti (1993) argumentan que este desarrollo débil de las ciencias de política en América Latina se ha debido en parte a la idea asumida en contextos políticos autoritarios que el Estado es el único y/o privilegiado generador de soluciones a los problemas públicos, consecuentemente en tales condiciones las prioridades de las políticas han sido determinadas por el criterio muchas veces arbitrario de los gobernantes. En contraste, en las democracias liberales, principalmente anglosajonas, en la segunda postguerra se desplegaron dispositivos científicos para apoyar las decisiones de los gobiernos. Bazúa y Valenti (1993) estiman también que, por un lado, el desgaste del enfoque administrativo que sustentaba la orientación económica desarrollista en América Latina mostró los límites de las visiones de los gobernantes y, por otro, los programas de ajuste estructural de las economías (PAE) emprendidos como respuesta a esta crisis agregaron diversidad y complejidad a la problemática social; en tal sentido, las nuevas condiciones han comenzado a demandar políticas más consecuentes con el giro económico neoliberal, el pluralismo emergente de la apertura democrática y el reclamo ciudadano cada vez más articulado, por esta razón el estudio sistemático de las políticas se convierte en una necesidad.

El estudio de las políticas surge en la década de 1950 fundamentalmente en los países liberales democráticos, en los cuales los gobiernos buscaban el soporte de las ciencias sociales para sustentar el desarrollo de políticas públicas que hasta entonces eran más bien producto de la intuición. En la actualidad las políticas constituyen un campo científico consolidado, de gran importancia por su incidencia en la manera como se gobiernan las sociedades; generalmente los gobiernos, de distinto tipo, se apoyan en especialistas del campo de políticas para definir decisiones e intervenciones y para probar su factibilidad e impacto. La importancia progresiva que los gobiernos dieron a la aplicación del conocimiento científico en el campo de las políticas, genera el surgimiento del llamado enfoque racionalista; este enfoque se desarrolla en un contexto en el cual existe la creencia que la intervención del gobierno es necesaria para la resolución de los problemas sociales y que la misma requiere una base empírica fiable que oriente los procesos y las vías mediante las cuales se puede alcanzar tal propósito (Rizvi & Lingard, 2010).

Con todo esto, Rizvi y Lingard (2010) no se refieren al desaparecimiento del enfoque racionalista en las políticas, sino más bien a la pérdida de prestigio del modelo de Estado de Bienestar en el cual se desarrolló. En la actualidad la racionalidad no aparece precisamente para legitimar las intervenciones del Estado en la resolución de problemas sociales; al contrario, ha desarrollado dispositivos con un propósito opuesto, es decir, para justificar la aplicación de medidas de desregulación, privatización y otros criterios del mercado en espacios que tradicionalmente eran considerados públicos y estatales. En este sentido también, Ball (2005) enfatiza el papel dominante de la razón instrumental presente en las nuevas tecnologías de política (rendimiento y gerencialismo) que forman parte de las reformas del Estado en la actualidad. Las mediciones, los indicadores, las comparaciones, la competencia tienen otro alcance; no han sido pensados apenas para el cambio técnico y estructural de las organizaciones, pretenden cambiar no sólo lo qué hacemos sino también el cómo lo hacemos (Ball, 2005).

A falta de un término propio, en lengua española los conceptos políticos y policy del inglés se traducen como “política” y con frecuencia en su comprensión y uso proyectan significados ambiguos; de hecho algunos autores latinoamericanos (e.g., Tello, 2012; Espinoza, 2009) consideran que en el ámbito hispanohablante el sentido del término inglés policy es válido cuando se relaciona específicamente a políticas sectoriales, por ejemplo cuando se habla de la política económica, de la política de salud, de la política de seguridad social, o en este caso particular de las políticas educativas. No obstante, para acotar este campo de estudio, la lengua inglesa presenta un recurso aclaratorio porque marca dos campos semánticos distintos: el significado de politics en inglés alude a la lucha por el poder, los conflictos de intereses y las disputas de los movimientos sociales con los gobiernos, mientras que policy refiere a la acción (racional), programa, resultado, propósito específico, lógica racional, juicio meditado, entre otros (Parsons, 2007). Con frecuencia politics es traducido al español como “política” en tanto que policy, asume el plural y se traduce como “políticas”.

Utilizar los términos de la lengua inglesa parece simplificar un espacio teórico-conceptual complejo, pero de hecho en el propio universo científico anglosajón, el concepto de policy no tiene un significado único y las definiciones difieren y se confrontan según la perspectiva epistemológica que asumen los autores, ubicados en determinados campos conceptuales. Tal como lo sugieren Taylor, Lingard, Rizvi, y Henry (1997), entre la abundante producción bibliográfica que intenta definir las políticas (policy) el único acuerdo existente es que ésta es una tarea difícil. Ante esta imprecisión, Dye (1992: 2) ofrece un concepto aparentemente más sencillo: “política es lo que el Estado elige hacer o no hacer”; en este sentido, el estudio de las políticas públicas se refiere a qué hacen los gobiernos, por qué lo hacen y cuál es su efecto. No obstante, este concepto se limita exclusivamente a la política que es desarrollada por gobiernos (política pública), ignorando que en la actualidad otras instituciones como las oenegés o hasta las propias empresas también se ocupan de políticas, y además, que la falta de decisión de los gobiernos también puede ser una manifestación silenciosa de políticas y poder (Rizvi y Lingard, 2010).

Habiendo analizado antes algunos conceptos funcionales de políticas, para marcar las diferencias, es necesario caracterizar las políticas en una dimensión crítica. En esta línea de análisis, según Ball (1994), la investigación crítica tiene el poder y la justicia social como conceptos clave; consecuentemente, cuando se intenta comprender cómo funciona el poder expresado en sus efectos y sus inadecuaciones, entonces se está frente a la investigación crítica y de la misma manera ante preguntas que atañen a la justicia social. Este último concepto también ha sido ampliamente debatido. Gewirtz y Cribb (2002), por ejemplo, defienden la necesidad de analizarlo desde una concepción plural, que considere por ejemplo, las tensiones que surgen entre diversos reclamos de justicia social; por otro lado, Fraser (2009) resalta la importancia de este análisis en forma tridimensional, es decir, considerando la dimensión política de la representación, la dimensión económica de la distribución y la dimensión cultural del reconocimiento, en un contexto global, en el cual se está alterando también la forma en que se discute la justicia. La mirada crítica de las políticas es también un reconocimiento de su complejidad y de su interdisciplinariedad. En el campo de la antropología, por ejemplo, Wedel, Shore, Feldman, y Lathrop (2005) critican las razones instrumentales sobre las cuales tradicionalmente se intenta comprender las políticas; argumentan que en un mundo en constante cambio es necesario crear categorías nuevas de análisis que den cuenta de la forma en que las políticas conforman y regulan las condiciones de la existencia humana por medio de una pretendida e incontestable racionalidad científica. Por tal razón, Wedel et al. (2005) son de la opinión que más allá de un concepto sobre políticas es importante preguntar ¿qué se hace en su nombre? y derivado de este cuestionamiento resaltan la necesidad de analizarlo en sus diversas formas de uso y acción, entre otras: como manera legal y racional de definir las relaciones entre las personas y el Estado, como normas y dictados que gobiernan las relaciones sociales y humanas y como medios para clasificar a las personas y problemas, imponiéndoles el modelo ideal de lo que debe ser un ciudadano normal.

Tal como lo señalan Taylor et al. (1997), con frecuencia las políticas se asocian a textos o documentos de carácter legal y gubernamental (leyes, reglamentos, planes, programas, estrategias etc.), pero limitar el concepto de políticas a este tipo de formalidad es ignorar el contexto que atribuye sentido a los propios textos. Las políticas, por su propio carácter, son procesos dinámicos, multidimensionales, representan conflictos, intereses y acuerdos más allá del simple proceso de ejecución de instrucciones para lograr resultados previsibles. Implican siempre una relación compleja entre textos y procesos, están en todas partes y no solamente dentro de las esferas formales de los gobiernos; las familias, los profesores, los alumnos en diferentes niveles hacen e interpretan políticas y, por ejemplo, en el campo mismo de la investigación referida a educación, no existe nada que no esté relacionado de alguna manera con ellas (Ozga, 2000). Por otra parte, las políticas tratan de intenciones de cambio y de cambios, es decir de una relación entre lo que se pretende y lo que se realiza, igual si no se realiza, es por esta razón que Ball (1994) asume que las políticas son definiciones creativas, derivadas de esfuerzos colectivos y múltiples niveles de interpretación y re-contextualización; consecuentemente nunca están completas en tanto que siempre reciben la influencia contingente y confusa de las prácticas. En tales circunstancias, las políticas serían tanto la producción de texto, como el texto, como en las modificaciones al texto y en los procesos mediante los cuales éste se lleva a la práctica (Tayloret al., 1997) y no simplemente en lo que los gobiernos dicen que son y deben ser. Al no existir un concepto simple y fijo sobre las políticas, la comprensión de estas depende de los intereses y los propósitos del investigador.

Línea de Investigación: Calidad y Equidad de la Educación

La línea de investigación Calidad y Equidad de la Educación, se sustenta en el derecho ineludible a la educación que posee todo ser humano, sin importar su condición de género, raza, cultura, credo, o nivel socioeconómico. Formichella (2011), explica que la educación permite al individuo el desarrollo en las diferentes esferas de la vida humana. Por esta razón, puede asegurarse que la educación ayuda a aumentar las libertades individuales. Siguiendo esta perspectiva, no basta mejorar los indicadores de acceso y permanencia en el sistema educativo, el concepto actual de calidad de la educación implica que los procesos, funciones, experiencias formativas deben estar vinculadas con las necesidades relevantes de la sociedad en un entorno determinado. La calidad educativa es un principio que guía a las instituciones en los procesos de cambio y mejora y por ende, permite brindar una respuesta educativa pertinente y equitativa. Para Blanco et al (2007, p.25) la calidad educativa, “se trata de un concepto con una gran diversidad de significados, porque implica un juicio de valor respecto del tipo de educación que se quiere para formar un ideal de persona y de sociedad”. En este sentido, el término calidad de la educación implica que los sistemas educativos se encuentran inmersos en procesos de evaluación permanente con miras a propiciar el cambio y la mejora educativa Considerando, que la educación se enfrenta hoy en día a nuevos retos, tales como la creciente migración y la necesidad generar contextos inclusivos para grupos diversos. Se requiere de una genuina equidad educativa para alcanzar una mayor cohesión social (OCDE, 2007)). Por ello, el nuevo reto de los sistemas educativos es lograr que la distribución del servicio no solo sea igualitaria sino también justa, de calidad y satisfaga las necesidades particulares de quienes lo reciben (López, 2004).


El enfoque de equidad debe entenderse como justicia social y en el marco de esta, no es suficiente ni adecuado otorgar igualdad de bienes a la diversidad humana, debido a que las circunstancias particulares de los individuos se derivan en una gama de estilos y formas de aprender. Hablar de justicia social, implica comprender que el derecho a la educación requiere asumir tres perspectivas:
Distribución (Rawls, 1979, 2002; Nussbaum, 2002, 2004, 2007,2012; Sen, 2010), Reconocimiento (Fraser y Honneth 2006; Fraser, 2006) y Participación (Young, 2000, 2010; Fraser y Honneth 2006). Para Montané (2015) la primera está centrada en la distribución de recursos materiales y culturales; la segunda en el reconocimiento y el respeto cultural de todos y cada una de las personas, en la existencia de unas relaciones justas dentro de la sociedad; y la tercera está referido a la representación y participación en decisiones que afectan a sus propias vidas, es decir, asegurar que las personas son capaces de tener una activa de participación en la sociedad.
Las investigaciones adscritas a esta línea de investigación estarán orientadas a profundizar en la estructura, enfoques, modelos y procesos educativos que se desarrollan en el país, con el propósito de conocer en qué medida estos responden a las necesidades educativas y disminuyen las brechas entre los grupos sociales.

Línea de investigación: Cambio Climático y Gestión Integral de Riesgos

El cambio climático es uno de los fenómenos naturales que más impacto ha causado a nivel mundial en las últimas décadas, tanto desde la perspectiva ambiental como desde la social. En el artículo 1 del convenio generado en la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático en 1992 se define el cambio climático como “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera
mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables” (UNFCC, 1992).
De acuerdo a las investigaciones de los geo científico, desde la formación del planeta han existido cambios de clima a través del tiempo geológico, éstos cambios han influido en la evolución de los organismos que constituyen la biosfera del planeta, los cambios de clima, además han sido determinantes en la forma del relieve y en general en la evolución y cambios en los ecosistemas.


Mucho se ha investigado respecto al cambio en el clima que el planeta ha experimentado a partir de la revolución industrial y existe un consenso en la comunidad científica y la sociedad en general, respecto a la significativa contribución de factores antropogénicos en el cambio climático actual.
Las consecuencias del cambio climático en los ecosistemas y en la dinámica de los subsistemas del planeta, con grandes repercusiones para los organismos vivos, ha puesto en alerta al ser humano. Muchas son las acciones que se han desarrollado a fin de minimizar los factores antropogénicos en el aumento de temperatura de la superficie del planeta, dentro de estas acciones resaltan: el Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) auspiciado por la ONU en 1992, en donde 192 países se comprometieron a realizar acciones para minimizar la contribución antropogénica al cambio climático (UNFCC,1992). El protocolo de Kyoto en 1995, con énfasis en la disminución de la generación de dióxido de carbono (ONU, 1997). En septiembre del 2015 se define la agenda 2030, con 17 objetivos de desarrollo sostenible, dentro de los que destacan objetivos que contribuyen a disminuir la contribución antropogénica al cambio climático (ONU, 2016), finalmente el 22 de abril del 2016 se firmó el acuerdo de París con el cual los países signatarios se comprometen a realizar acciones con el propósito de mantener el aumento de la temperatura global en la superficie del planeta por debajo de los 2 grados centígrados (ONU, 2015).
El cambio climático a su vez está muy vinculado a la alteración de fenómenos meteorológicos, que a su vez desencadenan procesos gravitacionales en la superficie del Planeta. Considerando la rapidez con la que estas alteraciones tiene lugar, lo que no permite la rápida adaptación de los sistemas, muchas zonas del planeta aumenten su vulnerabilidad y riesgo ante desastres originado por fenómenos tanto naturales como de carácter antropogénico. Como consecuencia del cambio climático, además, se observan cambios en los sistemas agrícolas, que a su vez repercuten en la seguridad alimentaria que en definitiva provoca riesgos de carácter no sólo naturales sino también
sociales. Es por ello que ambos campos: Cambio Climático y Gestión Integral de Riesgos ante desastres, están vinculados y deben ser analizados en conjunto desde una perspectiva multidisciplinar, considerando tanto los factores naturales como sociales involucrados.


Honduras, por su localización geográfica, ubicada en el Istmo Centroamericano, con costas en el Océano Pacífico y el Mar Caribe en la cuenca del Atlántico, es frecuentemente afectada por sequías, tormentas y fenómenos como El Niño-Oscilación Sur (ENOS). El cambio climático está agudizando la vulnerabilidad socioeconómica de su población e incidirá cada vez más en sus condiciones económicas, pues los factores dependientes del clima son decisivos
para actividades productivas importantes del país como la agricultura y la generación hidroeléctrica (CEPAL, 2017). Bajo este contexto, la academia como ente generador de conocimiento está llamada a dar su aporte en la solución de la problemática ambiental y social generada por el cambio climático y a contribuir como agente investigador, dando respuestas que repercutan en acciones que contribuyan al logro de los objetivos nacionales y mundiales en búsqueda de la reducción de los efectos antropogénicos que contribuyen al cambio climático, así como a generar acciones encaminadas a la adaptación al cambio climático y la reducción de riesgos ante desastres en zonas vulnerables. Congruente con su naturaleza, misión y visión, la UPNFM plantea la línea de investigación Cambio Climático y Gestión Integral de Riesgos como una de las líneas de investigación institucionales. Bajo esta línea de investigación, la universidad tiene como propósito la realización de investigaciones encaminadas a contribuir a mejorar el conocimiento de los factores que afectan el cambio climático y particularmente a la determinación de parámetros locales que puedan contribuir a investigaciones regionales. Además, bajo esta línea se espera realizar investigaciones que contribuyan a promover acciones para la disminución de las contribuciones antropogénicas al cambio climático, así como a la adopción de medidas de adaptación al cambio climático y a la gestión integral de riesgo.

Línea de Investigación: Profesión Docente

Las transformaciones sociales y económicas que han sucedido en los últimos treinta años han configurado nuevas condiciones en las cuales se realiza la formación y el trabajo docente. La docencia en todas sus dimensiones y procesos está cambiando de sentidos y de prácticas (Weinstein, 2014). Dubet (2004) señala que el ejercicio de la docencia se ha convertido hoy en un trabajo mucho más difícil de realizar que hace algunos años. Bastante más complejo que en los orígenes de los sistemas educativos, cuando los principios y valores fundamentales del programa escolar no se cuestionaban y, por lo tanto, otorgaban legitimidad, protección y seguridad a la tarea del docente. El cuestionamiento de la imagen vocacional del docente dio paso a la idea de un docente trabajador y/o profesional (Imbernón, 1994; Vezub, 2010).

Las políticas públicas a través de las reformas emprendidas en la formación docente durante los años noventa en diversos países han instalado y extendido el modelo profesional como reemplazo del vocacional. La idea de que es necesario dotar de profesionalismo a la tarea docente se fundamenta en tres pilares básicos: la construcción del conocimiento profesional base y especializado en la profesión docente (Guerreriro & Deligiannidi, 2017), la construcción de la identidad profesional (Vaillant & Marcelo, 2015), el desarrollo profesional docentes que integra los primeros cinco años en el ejercicio de la profesión, (Vaillant y Marcelo, 2015), el impacto de los mecanismos de rendición de cuentas en el ejercicio de la profesión desde una mirada sistémica (Domingo, 2019; Guerreriro, & Deligiannid, 2017; Imbernon, 2001.) la responsabilidad por los resultados de su tarea y la necesidad de constante perfeccionamiento (Gimeno-Sacristán, 1988; Imbernon, 2001), promoción del bienestar emocional y ocio para el desarrollo humano en la profesión docente.

Línea de Investigación: Estudios Disciplinares

La línea de investigación denominada Estudios Disciplinares, tiene como objeto de estudio los problemas y situaciones relacionadas directamente con las ciencias básicas y aplicadas, tanto Humanas, como Naturales; así como lo relacionado al desarrollo tecnológico, la transferencia de conocimiento, la prestación de servicios, la generación de innovaciones y productos de la investigación; ya sea en sus ámbitos académicos, sociales, industriales o estrictamente científicos, en correspondencia a las áreas o campos temáticos de interés y especialidad de las diferentes unidades académicas de la UPNFM y de sus integrantes, como colectivo o en forma individual.


El desarrollo de esta línea de investigación, tiene como objetivo la potencialización de las capacidades instaladas, así como del personal especializado en campos específicos de las ciencias naturales, tecnológicas, sociales y humanas en la Universidad; buscando impulsar el modelo de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) nacional, así como la prestación de servicios especializados, la generación de conocimientos aplicados y la transferencia científica a la sociedad, la academia y los sectores productivos del país.
Hoy en día, se aboga por que el conocimiento esté al servicio común de las sociedades, lo que orienta a los especialistas a buscar un sistema de conocimiento abierto como: “conjuntos múltiples de componentes interrelacionados del conocimiento y sus interacciones que tienen sus propias fronteras internas, dinámicas y lógicas, que son el resultado de procesos socio-ecológicos” (Tábara, 2015, p. 131); lo que permite enlazar de forma efectiva los estudios en ciencias naturales, tecnológicas, sociales y humanas, enriqueciendo sus campos disciplinares individuales.


Es por lo anterior, que en la Línea de Estudios Disciplinares, se sugiere y fomenta la cooperación interinstitucional a nivel nacional e internacional, la colaboración público-privada, la incorporación de los componentes de extensión y proyección científico-social de la UPNFM, así como el desarrollo de proyectos inter, intra y multidisciplinares que permitan la ejecución de investigaciones con alcance práctico, la búsqueda de soluciones a problemas particulares planteados en el medio social, científico, profesional o empresarial, y el involucramiento de diferentes saberes y disciplinas en forma transversal. Desde sus orígenes históricos y epistemológicos hasta sus fines prácticos, las universidades han sido y buscan ser los entes generadores de nuevos conocimientos, esperándose de ellas una vinculación social a través de proyectos, investigación aplicada y transferencia de conocimiento, por lo que la existencia de una Línea Institucional de Investigación para Estudios Disciplinares no sólo se justifica por la existencia misma de disciplinas científicas diferenciadas en cualquier currículo de educación superior, sino también, por la naturaleza misma de las instituciones educativas de nivel superior como responsables de dirigir, promover y ejecutar la investigación científica y el desarrollo tecnológico en todos los campos disciplinares.


En concordancia a lo anterior, el Art. 5 de la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI, dedicado a la Promoción del saber mediante la investigación en los ámbitos de la ciencia, el arte y las humanidades y la difusión de sus resultados, señala la necesidad de establecer un equilibrio entre la investigación fundamental y la orientada hacia objetivos específicos, por lo que se recomienda que la investigación disciplinar se realice en el contexto de la innovación, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad, proponiendo que: “Se debería incrementar la investigación en todas las disciplinas, comprendidas las ciencias sociales y humanas, las ciencias de la educación, la ingeniería, las ciencias naturales, las matemáticas, la informática y las artes, en el marco de políticas nacionales, regionales e internacionales de investigación y desarrollo” (UNESCO, 1998, p. 7).


De igual forma, tal como lo señala Touriñán (2008), la investigación disciplinar posee un papel específico en la investigación educativa y está fundamentada, epistemológicamente, por la forma de conocer y, ontológicamente, por el ámbito o parcela del conocimiento de la educación que le incumbe, de forma que puede reconocerse dentro de las teorías de educación, al menos tres aceptaciones bajo las cuales pueden identificarse y justificarse problemas genuinos de investigación disciplinar: como disciplina a enseñar(asignatura de planes de estudios), como disciplina a investigar (investigación de la disciplina: justificación y validación de la propia disciplina y de su definición y sistema
conceptual) y como disciplina de investigación (investigación en la disciplina: la productividad y la metodología de conocimiento propias de la disciplina; es el trabajo de investigación en y desde la disciplina, es decir, cómo se investiga en la disciplina y qué cuestiones se investigan) (Ortega, 2003; Sáez, 2007).


Particularmente en Honduras, el Consejo de Educación Superior (CES) a través del Sistema de Investigación Científica de Educación Superior (SICES) promueve y alienta la investigación científica y tecnológica en todos los organismos, institutos y todas las unidades de investigación inscritas y asociadas a las universidades hondureñas, con el fin de lograr una vinculación universidad-sociedad en forma práctica y eficaz en la búsqueda de soluciones a problemas nacionales en todos los campos disciplinares y el fomento de las ciencias puras y la innovación como motor de desarrollo de la sociedad. Esto se ve coherentemente reflejado en el Artículo 3 de la Ley de Educación Superior de Honduras, al señalar que: “La educación superior tiene como fines la investigación científica, humanística y tecnológica; la difusión general de la cultura; el estudio de los problemas nacionales; la creación y transmisión de la ciencia y el fortalecimiento de la identidad nacional”, haciendo énfasis en su Artículo 4 sobre “La libertad de investigación, de aprendizaje, de cátedra y de organización” como principios fundamentales y que gozan de la protección estatal; mientras en su Artículo 5 se expone a “la docencia, la investigación y la extensión como elementos esenciales y concurrentes en el proceso educativo del nivel superior” (CES, 1994), lo que justifica y fundamenta la existencia de líneas de investigación disciplinar en todas las instituciones de este nivel.


Por otra parte, la búsqueda de las universidades por desarrollar conocimientos científicos aplicados es una marcada tendencia actual, tal como señala Sánchez Puentes quien resalta que: “La ciencia actual, además de orientarse hacia la explicación de hechos, fenómenos y procesos, y de ubicarse en conocimiento de frontera, se preocupa cada vez más y sobre todo ahora por el conocimiento útil y productivo. La utilidad práctica y el servicio del conocimiento han dejado de ser una actividad lateral o secundaria” (2014. P. 161).
En función de lo anterior y dada su naturaleza, esta línea de investigación pretende dar respuesta a necesidades científicas, humanísticas, industriales y empresariales que demandan estudios de ciencia básica y aplicada en las diferentes esferas del conocimiento, contextos sociales, ámbitos culturales, corporativos e institucionales del país, la región y del mundo; estén o no relacionadas, directa o indirectamente, con procesos educativos. En consecuencia, esta línea de investigación abre la oportunidad a la realización de estudios que no son contemplados dentro de un ámbito estrictamente educativo, aun cuando puedan o no estar vinculados con procesos de enseñanza-aprendizaje o instituciones educativas formales, informales o no formales.


Se podrán incluir en esta línea de investigación, todos aquellos estudios institucionales e interinstitucionales que, al no ser de carácter predominantemente educativo, no se encuentran contemplados directamente en las líneas de investigación institucionales de las áreas temáticas de las ciencias de la educación, la profesión docente, las políticas educativas, la calidad y equidad de la educación o el sistema educativo en general; pero que atienden al involucramiento de la UPNFM en áreas temáticas de alcance científico, humanístico, tecnológico, profesional, empresarial, artístico y cultural en disciplinas puras o trabajos interdisciplinarios de aplicación, que busquen crear modelos, procesos, diseños, prototipos, aplicaciones, empresas, servicios y en general, nuevas formas de acceder y organizar el conocimiento alrededor de la solución de un problema identificado a nivel nacional, regional o internacional.